ONE MORE SOUL Crónicas
Dmantos contempla las tierras de Adamá

ISEKAI

One More
Soul

Una nueva vida comienza en Adamá.

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001

Crónicas de Adamá

Una alma más

Dmantos · Capítulo I

I · El último instante

Dmantos no recordaría después el sonido exacto de su muerte.

Recordaría fragmentos.

Una luz demasiado fuerte. El impulso absurdo de levantar una mano, como si aquel gesto pudiera detener lo inevitable. El sabor metálico que apareció en su boca. Una presión seca dentro del pecho. Luego, el suelo acercándose con una lentitud imposible, como si el mundo hubiese decidido concederle unos segundos adicionales solo para que comprendiera que ya no podía hacer nada.

No sintió una revelación.

No vio su vida entera pasar frente a sus ojos.

Pensó en cosas pequeñas: una conversación pendiente, una puerta que quizá había dejado sin cerrar, una promesa que creyó que podría cumplir al día siguiente. Pensó que todavía era demasiado pronto. Todo el mundo debía pensar lo mismo en ese momento.

Después llegó el silencio.

No era el silencio de una habitación vacía. Era la ausencia completa de cualquier cosa capaz de producir un sonido. Dmantos intentó respirar, pero no encontró pulmones. Quiso abrir los ojos y comprendió que tampoco tenía párpados. Aun así, podía percibirse.

Era una presencia suspendida en un lugar sin arriba ni abajo.

—¿Estoy muerto? —preguntó.

Su voz no viajó por el espacio. La pregunta simplemente existió.

Durante un tiempo que no supo medir, nadie respondió. La desesperación comenzó como una duda y luego creció hasta convertirse en una certeza insoportable: tal vez aquello era todo. Tal vez la muerte no era un juicio, un paraíso ni un nuevo comienzo. Tal vez era permanecer consciente dentro de la nada.

Entonces apareció una claridad lejana.

No se acercó. El vacío se retiró ante ella.

La luz no lastimaba. Era cálida, pero no como el fuego. Dmantos sintió que algo lo observaba desde el otro lado de aquel resplandor, no con curiosidad ni con sospecha, sino con una paciencia antigua.

Por primera vez desde que todo terminó, dejó de sentirse completamente solo.

II · Ante la luz

La claridad adoptó la forma de un hombre alto.

Su piel era pálida; el cabello y la barba, blancos. Los ojos azules parecían contener más cansancio que poder. Vestía ropas sencillas, sin corona ni armadura, pero el lugar entero respondía a su presencia. Dmantos comprendió que aquella figura no era el ser completo, sino una forma reducida, una imagen capaz de existir frente a él sin destruirlo.

Aun así, tuvo que esforzarse para sostener la mirada.

—Bienvenido —dijo el desconocido.

—¿A dónde?

—Todavía no has llegado.

La respuesta no lo tranquilizó.

—Entonces sí morí.

El hombre guardó silencio el tiempo suficiente para que Dmantos entendiera que no habría una mentira piadosa.

—Sí.

La palabra cayó con una suavidad que la hizo más pesada.

Dmantos quiso protestar. Preguntar por qué. Exigir regresar. Pero, al buscar dentro de sí el recuerdo de su cuerpo, encontró solo una distancia creciente. Lo ocurrido ya no podía deshacerse mediante voluntad.

—¿Quién eres?

—Me llaman Nur.

Continuará…